sábado, 4 de abril de 2015
Juan casi-sincero.
Frente a frente. La Ana mira al Juan, y se pregunta cómo fue capaz. El Juan mira a la Ana y se pregunta si va a decir algo. La Ana lo sigue mirando; lo mira con una mezcla entre desconcierto y odio. El Juan mira a la Ana y se saca un moco, lo hace pelota, lo empuja con un dedo, ¡y chao moco! Silencio incómodo (para la Ana, al Juan parece que poco le importa). La Ana toma aire, se lo contiene, y en una exhalación le dice que cómo pudo, que si acaso no la ama, y el Juan se limita a decirle que no pregunte hueás, que así son los hombres, que el pico manda, que la Carla está rica; que la ama, pero que está aburrido. La Ana llora. El Juan no se siente con ánimos para lo de siempre (que el Juan la caga, que la Ana llora, que la promesa del nunca más, que los besos de sal, que las caricias huecas... que al Juan no le importan, porque la Ana no le importa, pero no soporta que ella esté lejos) y le pregunta si lo va a patear o no; y le dice que, si no, que haga el almuerzo luego. La Ana lo mira atónita. El Juan se saca otro moco.
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