Si la realidad es lo que es, entendemos entonces que es una condición de momento más bien contexto que se entiende y aprecia por un vividor de la realidad. El vividor de la realidad asume una verdad de creencia, donde ve para dejar de creer y asumir por cierto. Entonces nuestra realidad,"nuestra verdad posible", es creación; y podemos crear a través de las turas. ¿El arte será una tura? Entonces el arte es creación, invención de la realidad, y de ahí entendemos que la literatura, la pintura, etcétera, son parte de la realidad y no reflejo de ella. Creemos, creamos y vemos realidad; ergo mentes, momentos, lugares, contextos claros y sentimientos. No siempre vemos ("ver" como una referencia a percibir con cualquier sentido). Creemos primero porque lo primero no siempre es ver, sino aceptar por corazonada o por persuasión, luego viene ver, y se deja de creer porque se está convencido. Las turas son en un mundo inmaterial parte del nuestro que a la vez es tajantemente distinto: primero porque no controlamos casi nada el nuestro, pero sí gran parte de las realidades de las turas (todo no, porque nuestra realidad incontrolable genera efectos sobre nosotros que desembocan en las turas. Entendiendo que la realidad gatilla un cambio en la creación, mas no cuál); y segundo porque sin nosotros que somos parte de este mundo que no nos necesita, las turas no existirían. ¿Y si no existimos cómo vemos la realidad? ¿y si no la vemos cómo sabemos que existe?
¿Somos necesarios para la existencia o no?
Somos intrascendentales en la existencia, podemos morir o no, amar o no, ser o no, y al universo lo mismo le da. Podríamos hacer trizas el ecosistema y lo mismo da. Explotar el sol y lo mismo da. Porque la materia es energía densa, y de eso se dan vueltas y vueltas. No somos nada, somos insignificantes, y no queremos morir. La materia adquiere tantas propiedades emergentes que se llega a la consciencia, y ahí todo se jode. No somos nada, pero estamos indiscutiblemente ligados a ser luchar por ser; ya sea siendo conscientes de que no somos nada y luchando contra ese sentimientos para seguir viviendo, o no percibiendo que no somos nada y aferrándonos a la idea de que somos algo.
El punto es la determinación a creer que somos, y que, por lo tanto, no podemos irnos así como así. Entonces entra en juego la realidad, y ahí entra en juego lo que se dijo antes: "Nuestra realidad posible tiene que ser invención..." El mundo lo inventamos a cada paso, y el mundo nos inventa a nosotros. A simple vista parece obvio que realmente somos instrascendentales, pero si el mundo es realidad, y la realidad es creable, entonces el mundo se crea y modifica constantemente. El tema es si las realidades son únicas; es si éstas se superponen y terminan en repetidas coincidencias, son tangentes en un sólo punto, son coincidentes en todos los puntos, o no se tocan ni para el abrazo de año nuevo. La verdad es que se entiende una sola realidad posible de percibir y modificar. Por eso las turas son parte de la verdad posible, y nunca dos verdades posibles son iguales, porque nunca hay dos interpretaciones perfectamente iguales de dos hechos.
Dadas dos verdades distintas -más bien n verdades para n espectadores- ante un mismo hecho, la locura pasa a ser una burla. Alguien está loco sólo porque su verdad posible no coincide con la aceptada por el colectivo social, y eso no tiene nada de malo. Más bien, nos da miedo que otro nos plantee una verdad distinta que rompa nuestros esquemas. Y cuando esa locura lleva a la paz sigue siendo censurada ¿por qué? ¿Qué tienen de malo las percepciones del mundo? ¿Por qué todos debemos ver lo mismo, cuando lo único del ser humano parte en ver el mundo en matices diferentes?
Mi dios a venerar no será Dios, será la nota sol; y cada vez que escuche la nota sol me sentiré bajo el alero de dios, sentiré que me protegen y me dan fuerzas. Buscaré escuchar la nota sol, aprenderé a diferenciarla en los matices. Me detendré en la calle ante la nota sol, porque dios merece toda mi atención. Le llamarán locura a mi religión, y su religión es más absurda aún porque al menos mi dios existe y casi todos podemos percibirlo; pero seguiré siendo un loco, porque no les importa si la nota sol me da paz, sólo saben que no es normal y que, por lo tanto está mal.