lunes, 28 de abril de 2014

Antes de ti.

Antes de ti quería
terminar cada día.
Quería llegar al fin
para descansar del resto
de mí; de todo y todos.

antes de ti quería
sentir la aniquilación absoluta
de todos y de todo
no por depresión
ni por misántropo;
sino por realidad
de la miseria humana
y su inequidad

antes de ti quería
vivir libre y solo
sin pausas ni
ritmos impuestos
por nadie más
que por mí

desde ti quiero
llegar al fin del día
para empezar uno nuevo
para llenarme contigo
y sentirte en cada gramo

desde ti quiero
sentir la vida misma
de todos y todo
ahora optimista
porque me muestras
la igualdad del amor

desde ti quiero
vivir libre y
sólo contigo
y bailar al ritmo de
tu corazón rimbombante
que da cuerda al mío

porque, en el fondo,
mi corazón era piedra
dura y maciza
y hoy es, en cambio,
un montón de estrellas
que están en cielo donde
tú existas.

domingo, 13 de abril de 2014

Porque tengo que:

Siempre no es suficiente para decir
cuánto te amo, y cuánto te amaré.
Tengo que amarte, amor, tengo qué.

Si algún día no estás, y no estarás;
si algún día no estoy, y no estaré;
necesito decirte aquí y ahora
para que recuerdes siempre:

No me obligas ni te obligo,
y somos uno. Irresoluble,
indiscutible, innegablemente uno.

No puedo dejar de amarte
ni aunque deje de respirar.
Si la muerte era barrera, no lo es más.

Volveré desde el infierno
en sus nueve niveles
volveré desde el medio hacia arriba.

No quiero trascender, sino por ti.
Moriré cuando tú me olvides, ni antes ni después.

Si alguna duda queda,
de lo que quiero decir:
tu amor me hace libre,
tú me haces bien.



domingo, 6 de abril de 2014

La tregua.

De repente recuerdas que la felicidad es eso que pasa entre y durante los momentos. La vida no es justa, niño, supéralo. ¿Y qué podemos hacer entonces? Soy imperfecto. Soy un hombre, y eso nunca es perfecto. No planteo (ni planeo) ser perfecto, porque, para empezar, ésa es la antítesis del género humano. Se dice que el hombre no es perfecto, pero sí perfectible ¿Lo es? ¿Es perfectible? La perfección es para la sociedad la meta, pero sólo porque se necesita un punto de referencia; es como navegar hacia el horizonte... Sabemos que es imposible llegar al horizonte. Asimismo sabemos que nunca seremos perfectos, pero lo intentamos de todos modos para obtener lo mejor de nosotros.

Entonces la vida viene y va por mí, o tal vez yo voy y vengo por la vida. A veces me pregunto si Benedetti no se habrá equivocado cuando dijo que la vida era una guerra con Dios -con cualquier dios-, y que los momentos de buena vida no son más que treguas; me pregunto si no será que la vida es una paz con Dios -de nuevo, con cualquier dios-, y tiene momentos de guerra. La verdad, me parece, es que la vida no es ninguna de las dos, y es las dos. La vida es un mundo entero, hay guerras en ciertos puntos, hay paz en otros.

No existen los absolutismos; incluso la vida misma no es concluyente, por definición. Morir tampoco es absoluto ¿estoy muerto cuando mi corazón ya no late por sí mismo? ¿cuando mi cerebro no funciona? ¿cuando nadie me recuerda? ¿cuando ni yo me recuerdo?

Los golpes vienen, a veces juntos, a veces con distancia. ¿Qué hago cuando un costalazo me deja sin respirar, y justo después me llega otro?
Me estoy ahogando, me mantengo en pie por inercia y porque caer o no caer no cambia nada. El golpe no me llega a mí pero me duele: caen gigantes.