La verdad -implícita-
en todo lo que hago -o no-
es un constante mírenme
y al mismo tiempo
un constante no me miren;
mejor no.
Porque vivo -y muero-
para ser visto por los ciegos
e invisible a los videntes.
¡Escuchado por los sordos!
los oyentes hagan, por favor,
oídos sordos de mí.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario