domingo, 18 de agosto de 2013

Carta a la Luna.

Querida Luna, queridísima Luna, Luna Luna:

 Tal vez ya no andes cerca de mi órbita, y ya no te siento cerca, pero sé, de todos modos, lo cerca cerca que estás de alejarte. Supe, porque algunos cometas no paran de hablar, que estás en la órbita de otro planeta ahora, que no paras de dar vueltas con él y que eres feliz. Sé, porque te conozco más de lo que debería alguien como yo, un planeta que nunca orbitaste, y cuya cara nunca viste, que prontamente te irás de esa órbita en la que estás, porque el estúpido y afortunado planeta que orbitas ahora no sabe lo que tiene. Sé, entre otras cosas, querida Luna, que te sientes presa de tus sentimientos, de tus emociones, de tus altos y tus bajos, de tus risas y de tu pena; también sé que no eres tonta, que sabes dónde estás y que, tal vez, sólo te falta saber dónde quieres llegar. ¿Sabes que te quiero, Luna amiga?

 Luna Luna, queridísima Luna, te echo de menos. Luna Luna, queridísima Luna, te echo de menos.

 Espero, queridísima Luna, que nunca me olvides, pero sé que es imposible, porque no puedes recordar un planeta cuya cura nunca viste. Sepas que yo te olvidaré eventualmente y que tu no-imagen aparecerá en mi memoria tal vez un par de veces al año (tal vez en mis afelios o perihelios).

Sin más, querida Luna, queridísima Luna, quiero que entiendas que esto es una despedida de algo que nunca tuvo una bienvenida. Sin más, queridísima Luna, entiende que mis palabras son un sinsentido, porque ciertamente nunca podré entregarte esta carta. Simplemente la dejaré aquí, en el espacio, donde tal vez y si tengo suerte, la encontrarás algún día, como otrora encontraste mis mensajes de consuelo y mis risas.

Atentamente: Un Planeta que no te vio pasar, pero que te sintió como ningún otro.

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