-EH, ¡CÓRRETE!- Un conductor enojado me grita ¿qué se cree? Estoy en verde y me toca pasar a mí. Derrapa un poco; me va a matar. Mierda. Casi casi.
Dijeron que hoy llovería. Ojalá que sí, me gusta harto la lluvia, pero me gusta más cuando la siento caer sobre mis hombros, sobre mi cara, sobre mis párpados y sobre mis labios. En todo caso está nublado, es verdad, pero no creo que llueva. Casi casi.
Es rico ir en la bici por este parque al medio de la calle, entre las dos vías de la avenida. Sentir el viento en mi cara, sentir la velocidad, verlo todo, respirarlo todo: es hermoso. Casi casi.
Si el pasaje de la micro no fuera tan caro, y no estuviéramos en la época del año en que el precio escolar no rige, yo no andaría en bici. Pero el pasaje de la micro es caro y el precio escolar es un recuerdo, así que la bici sufre las consecuencias.
La empecé a usar después de muchos años, porque antes ni la miraba, así que es más bien básica y no tiene amortiguación, ni cambios, ni luces, ni vuela, ni nada. Y yo no tengo casco, ni rodilleras, ni sé cómo caer, ni nada tampoco. Yo y la bici somos un equipo de “ni nada”. Casi casi.
El otro día iba andando por este mismo sector y en un semáforo había otro ciclista.
-Deberías usar casco- comentó a modo de crítica.
-Sí, es que la empecé a usar hace poco, por eso no he comprado.
-¿Y cuándo vas a comprar? Te puede atropellar un auto.
-Luego, la otra semana- mentira, ni siquiera estaba en mis planes.
-Ya, ten cuidado.
-Ok, lo tendré.
Y se fue apenas pusieron el verde
Musito un "chau" para mis adentros, a modo de cortesía, y empiezo a pedalear. Como iba delante de mí, lo vi pasarse dos luces rojas en menos de cien metros, se nota que es un hombre consecuente con la seguridad. Después lo alcancé con la bici y pensé en decirle, pero no lo hice: me dio vergüenza. Como sea, tiene razón: tengo que comprar un casco; pero han pasado dos semanas y no hay ningún indicio de que me lo compre luego. Casi casi.
Anteayer iba andando cerca del río y paré junto a un señor, ya mayor, que estaba esperando a la luz verde para cruzar la calle.
-Buenas.
-¿Qué, vas a cruzar a lo loco?.
-No, le dije “buenas”... como de “buenas tardes”- ¿cómo alguien podría malinterpretar un sano e inconfundible "Buenas".
-Oh, perdón; es la costumbre de que ya nadie salude. Antes nos saludábamos todos entre todos, pero ahora ya no.
-¿Y usted por qué no enseña con el ejemplo?
-Porque me aburrí de saludar a hijos de puta que no responden.
-Qué pena, señor. Debería tener más fe en la gente.
-Yo en la gente ya no creo, no me vengas con esas cosas.
-Bueno, ya dio el verde, así que voy a seguir andando.
-Adiós.
-Chau.
Me dejó pensando que uno debería creer más en la gente, al menos dar el beneficio de la duda... Pero la gente siempre demuestra que te quiere tomar por tonto y te hace daño, muchas veces sin importarle. Casi casi.
Ahora vengo de dar vueltas por calles al azar y, no sé si con o sin querer, pasé por su casa. Qué raro, no somos nada (nunca fuimos algo) pero cuando me di cuenta de que estaba fuera de su casa el corazón me hizo ¡ZAS! y quedé en blanco por un instante. Y es que no me gusta, yo sé que no me gusta. Pero tiene algo, me da vida, me da energía. Me hace creer en el amor. ¿Sueno como un personaje de teleserie? Puede ser, pero de verdad no sé cómo es esto de enamorarse. No me entiendo, no la entiendo a ella y no entiendo nada. Lo siento todo esto cuando estoy con ella, pero después de dos días sin ella siento que no la quiero, no así, no siento el ¡ZAS!, ni un ¡BUM!, ni un ¡TOM TOM TOM TOM!, ni nada que me haga sentir vivo. ¿Estoy loco? Seguramente sí, pero sólo un poco. Me acuerdo que una vez pensé en decirle que fuéramos algo, que valía la pena el esfuerzo, que ella era lo que esperé tanto tiempo; que todo. Pero no lo hice, no puedo obligarla a pasar por mis gustos aleatorios, ni ninguna de esas estupideces que me dan a veces. Entonces somos amigos, nos vemos a veces, nos besamos a veces, pero sólo a veces. Casi casi.
Me acuerdo de que mi mamá me dijo una vez que nunca sobran precauciones, y que mejor le cambiara los neumáticos a la bici antes de usarla. Pero yo pensé que exageraba, que eran cosas de mamá histérica y que la bici andaba bien. Casi casi.
Ahora está chispeando, siento las gotas sobre mi cara, sobre mis párpados y sobre mis labios. Pero esto no es lluvia, yo quería lluvia. Quería muchas gotas. Quería el ruido de las gotas al caer. Casi casi.
Supongo que puedes hacer muchas cosas en la vida: Puedes organizar gente y proponer soluciones para que bajen el pasaje de la micro. Puedes tener la bici en buen estado. Puedes usar casco. Puedes decirle a otras personas que pasar en rojo también es inseguro. Puedes enseñarle a alguien mayor que la gente siempre puede ser mejor. Puedes decirle a alguien que es el amor de tu vida, que te encanta, que la quieres contigo siempre, todos los días. Puedes decirle a tu mamá que tiene razón, y cambiar lo que ella crea necesario para estar más seguro. Puedes apreciar las gotas pequeñas en verano, aunque no fueran justo lo que esperabas, porque es mucho más de lo que debería haber. Puedes tener cuidado cuando cruces, porque aunque estés en verde alguien podría cruzar en su auto igual y casi atropellarte. Casi casi. Pero ese no soy ni seré yo, porque Casi casi no me atropella, si no fuera por un par de casis. Ahora estoy en el piso, siento la huella del golpe, no veo la bici. Ahora estoy en el piso, siento la sangre saliendo por mis costillas: está tibia… y siento las gotas, y al principio no entiendo, pero lloro. Y sonrío de lo estúpido que soy para darme cuenta ahora, y te amo, y me río, y siento las gotas… y me acuerdo de todos mis amigos, de mi familia, de ti… y los amo a todos… y tengo sueño… y me duele… y casi casi, y.
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